Ser un malvavizco...


Era una tarde de Mayo, de esas en las que el clima es demasiado caluroso para salir a caminar y el mismo tiempo demasiado asfixiante para quedarse dentro de casa. La incomodidad de la temperatura no me permitía pensar con claridad, de por sí ser un malvavizco es complicado puesto que eres dulce y agraciado, pero ser un tierno, apachurrale y delicioso ser en plena época de calor es algo mucho más arriesgado.

Que puedo decir los malvavizcos somos así, y aunque pasemos este tipo de malos ratos, nunca verás a uno de nosotros enojado. Nooo, claro que no, sería algo inapropiado, pues quien querría saborear a un ser taciturno, confuso y amargado... y se preguntarán ¿cómo es posible que un malvavizco este hablándonos?, y eso queridos, eso si puedo explicárselos ya que no toda mi vida fui este apretable ser, de hecho si mal no recuerdo, hace mucho, mucho, muchísimo tiempo era un ser humano.

¿Qué? ¡¿tú un humano?!, si queridos... aprovechemos que este calor me tiene atarantado y permítanme compartirles un poco de esos vagos recuerdos que aún tengo, mientras el aire acondicionado y mi limonada frappe hacen su magia en este infernal lugar.


Todo empezó como muchas historias, hace mucho, mucho tiempo podría decirse tal vez que en otra vida, yo era un ser humano para ser honesto no recuerdo si era mujer u hombre, pero de que era una persona "pensante" lo era, de hecho sino mal recuerdo era extremadamente pensante, padecía de una peculiar enfermedad que le llamaban "sobrepensar".

Desde muy pequeño todo lo que me rodeaba me causaba interés, e imaginaba infinidad de posibles historias relacionadas a mi entorno, desde ¿qué pasaría si entraba un águila por la ventana y me secuestraba? hasta ¿cómo sería la vida si esos juguetes voladores que flotaban en mi cuna, decidían un día cobrar vida?. Como imaginarán la mayoría de momentos donde el "sobrepensar" me agarraba, tendía a imaginar escenarios uno más catastrófico que el otro, nada saludable para un pequeño cuerpo en crecimiento.

Pero el "sobrepensar" también era mi súper poder, porque podía darme cuenta de detalles imperceptibles para otros pequeños de mi edad. Recuerdo los ojos de la que llamaba mamá y la sonrisa del que llamaba papá, recuerdo las pequeñas acciones que hacían que ellos emanaran felicidad y también recuerdo sus preocupadas caras cuando lloraba. Han de disculparme por tan penoso comportamiento y créanme que hasta la fecha me avergüenzo de ello, pero al principio, al parecer; no sabía como pedirles una fresca botella de algo que hasta la fecha me fascina "leche", y mi única manera de comunicarme era llorando.

Entendí desde muy joven que cuando lloraba me ayudaban, pero también se preocupaban y no me agradaba la situación, me gustaba más cuando me sonreían y muchas veces si yo no hacía, decía o tecnicamente si casi no me movía, ellos sonreían más.

Pero como han de imaginarse, tan pequeño, con pocas habilidades y mucha hambre, quedarme quieto y callado no eran tan fácil... así que un día decidí hacer algo diferente, en vez de llorar por mi deliciosa botella de leche (y en verdad tenía muchas ganas de llorar), comencé a reirme a carcajadas, casi imparables y sorpresa, ambos acudieron a mi con unas sonrisas hermosas, me alzaron en brazos y me cubrieron de besos; yo estaba en mi mejor momento... pero como habrán de suponer, no entendieron que mis carcajadas significaban que quería algo de tomar, me dejaron en mi cuna y continuaron con su rutina. 

Estaba feliz, pero estaba hambriento, mi estómago rugía de hambre y terminé llorando de nuevo. Una vez más sus ojos se humedecieron, y la decepción dibujó su rostro. Yo tuve mi bebida, pero recuerdo el sabor amargo mientras la ingería. Así, que decidí que nunca más volvería a llorar, comencé a reirme más fuerte, a hacer chistoretes y como pude me abalanzaba cómicamente intentando agarrar la botella de leche, ellos no entendía que tenía hambre, pero eran felices y a mi me gustaba que así lo fueran.

Así duré una semana, si mal no recuerdo 7 largos días sin probar comida, pero haciendo que ellos no dejaran de amarme; el problema es que mi cuerpo había adelgazado demasiado y me quedaba poca energía para seguir jugueteando, ellos notaron mi mal estado, pero no comprendieron el motivo, ni siquiera recordaban que antes bebía ese liquido blanco, y lamentablemente volví a ponerlos tristes. Yo ya no sabía como hacerlos sonrerír, me agobiaba estar fallándoles de esa manera, me enojaba necesitar leche para continuar, y entonces una hermosa noche de Luna llena, una estrella fugaz cruzó por el cielo, cerré mis ojos y la poca fuerza que me quedaba pedí un deseo: "estrellita que cruzas frente a mi, concédeme la capacidad de siempre hacerlos sonreír, hazme resistente, alegre y duradero; para que nunca les vuelva a causar desasosiego".

La energía de mi cuerpo estaba a punto de extinguirse, cuando repentinamente la estrella dejo el cielo y bajo a gran velocidad, entró por la ventana de mi cuarto, dió vueltas por todos lados, luego entró a mi cuna, me cubrió todo el cuerpo con un brillo rosa pastel y con la misma velocidad que entró, se fue. Justo en ese momento comencé mi camino a ser un hermoso malvavizco.

Mi casi esquelético cuerpo, se cubrió de una delgada capa de esponjosa consistencia, dulce, amorosa, y muy resistente aunque ustedes no lo crean. He de decir que también mi aroma era increíble.

Pensamiento intrusivo "En verdad ¿era tan dificil ver lo que me pasaba? malditos indiferentes"

A la mañana siguiente mis padres entraron y quedaron sorprendidos de verme parado en mi cuna, sonriente y vivaracho, al parecer ya no veían un flaco y moribundo ser, sino algo parecido a un niño esponjoso. Me abrazaron, me cargaron, jugaron conmigo, lloraron de felicidad (una sensación increíble por cierto) me tomaron fotos y grabaron, me presumieron con todos; ¡Si! me convertí en alguien presumible, me llenaron de besos y abrazos, no querían soltarme, no tenía ya de que preocuparse mi aroma a malvavizco no les dejaba saber que mis pañales estaban demasiado sucios, y mi esponjoso ser, no les mostraba los huesos con los que me mantenía.

Cada noche que sentía que no iba a poder continuar, mi cuerpo brillaba y una capa de dulzura aparecía sobre mi, una capa que hacía que ellos me aceptaran y amaran aun más.

Pensamiento intrusivo "Tu no debias de complacer a todos!"

Los años pasaron, fui creciendo y logré desde muy pequeño enseñarme a conseguir comida y nunca ser una molestia, no siempre eran las opciones más nutritivas pero lograba mantenerme... ellos sonreían y comentaban la suerte de tener a un ángel como yo en sus vidas, alguien tan maduro para sus 4 años de edad, responsable, independiente, cooperador y sonreían tanto, que no podía evitar querer darles mucho más. Así, que si... si me lastimaba, si algo me daba miedo, si tenía hambre, frío o malestar, si enfermaba, simplemente no lo decía... y para compensar todo eso, mi cuerpo brillaba en las noches y de esponjosidad me cubría. 

Nadie se quejaba de mi, siempre contaban conmigo, hasta que al cumplir 7 años llegó alguien que dijeron sería mi hermana. La idea de tener una hermana me fascinaba, me emocioné y preparé todo lo posible para recibirla y en efecto llegó otra mañana de mayo. Era tan pequeña, tan frágil, tan... humana. Si, humana ella no era un malvavizco en proceso y algo dentro de mi, no quiso que lo fuera.

Pensamiento intrusivo "estoy desesperado, me derrito... "

Así que al llegar a mi vida, yo fui su traductor, para que siempre tuviera leche, si se enojaba, yo me ponía en medio de ella y mis padres para que vieran mi esponjoso ser en crecimiento y olvidaran lo que ella había hecho, así ella no tendría que sentir hambre, ni tristeza y ellos no sentirían ningún tipo de decepción. Una manera infalibre de no hacer a nadie infeliz.

Los años pasaron y no puedo recordar con claridad el último año humano que tuve en mi vida, solo se que mantener a todos contentos requería mucha dulzura, hubieron situaciones que ya no recuerdo, pero que requerían doble o triple capa de resistencia, hasta que llegó el momento donde o terminaba de cubrir todo lo que quedaba de ese cuerpo humano con mucha esponjosidad o le tocaría a mi hermana hacerlo. Supongo saben mi decisión... en efecto este sexy y ameno malvavizco se consumó.

Pensamiento intrusivo "No soy tan bueno salvando y ayudando, no quiero hacerlo... estoy cansado..."

La vida de malvavizco es como un sueño, no piensas en lo que sientes, no entiendes lo que sucede, y todo a tu alrededor se ve difuso. Es bastante práctica, porque las cosas que suceden a tu alrededor, no te afectan. El único inconveniente es que como malvavizcos, ya no podemos ser contados dentro de las comunidades humanas.

Nos llaman o acuden a nosotros cuando necesitan un empujon de sus agobiantes vidas, o golpear algo para sacar la furia (al fin y al cabo no nos aboyamos porque somos esponjosos), también nos buscan para probar algo extremadamente dulce, pero definitivamente ni ellos se pueden quedar con nosotros porque les daría algo conocido como "coma diabético", ni no nosotros podemos quedarnos con ellos, porque al ser tantos, no nos daríamos a basto.

Pensamiento intrusivo "Quisiera desquitarme y acabar con el causante de estas altas y agobiantes temperaturas. Aunque creo que el que hierve soy yo mismo"

Los malvavizcos le gustamos a todos, somos pocos pero resistentes, si nos llegamos a sentir mal, solo nos cubrimos de más azucar y listo!, aunque el sobrepeso siempre será nuestro gran problema. Yo por ejemplo así como me ven de encantador ya no camino bien de tanta dulzura que cargo, técnicamente ruedo y si les digo un secreto es un poco cansado... a veces me miro al espejo e intento recordar lo que fui, pero es todo muy confuso...

Pensamiento intrusivo "¿Cómo es posible que este calor quiera dañar a seres como nosotros? ¿O soy yo quien sube la temperatura para acabar conmigo mismo? Tal vez este calor, no es calor... tal vez es algo más, tal vez no soy tan dulce, tal vez ser tan esponjoso es malo... tal vez algo estoy ocultando..." 

En fin queridos es momento de hacer lo que mejor sabemos hacer los malvavizcos... alegrar a todos los que lo necesiten. Volveré en otra ocasión con más relatos si es que eso los hace felices y mientras tanto espero disfrutaran la historia de mis orígenes y que mis pensamientos intrusivos no les afectaran y si lo hicieron, tal vez deberíamos chocar esos cinco porque puede ser que ustedes también sean un malvavizco... ¿Lo son?.

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